Bajo ciertas longitudes de onda de luz, el caparazón de la tortuga carey brilla en tonos rojos y verdes: es el primer reptil documentado con biofluorescencia, un rasgo que aún no se ha explicado del todo.
La Eretmochelys imbricata es la única especie viviente de su género, dentro de la familia Cheloniidae. Habita mares tropicales y subtropicales de todo el planeta, casi siempre asociada a arrecifes de coral, manglares y estuarios, y su situación es de En Peligro Crítico según la UICN.
Su pico curvado, su caparazón serrado y su estrecha dependencia de las esponjas de arrecife la convierten en una de las tortugas marinas más singulares y, a la vez, más amenazadas del mundo.
Identificación y Apariencia
El rasgo más distintivo de la tortuga carey es su cabeza alargada y afilada, terminada en un pico curvado y ganchudo —más pronunciado que en cualquier otra tortuga marina— que le da su nombre común. Cada aleta delantera presenta además dos garras visibles, un detalle que ayuda a diferenciarla de otras especies.
Los adultos alcanzan alrededor de 1 metro de longitud de caparazón y un peso medio cercano a los 67 kg, aunque el ejemplar más pesado registrado llegó a 127 kg. El caparazón tiene un fondo ambarino cubierto de manchas irregulares en negro y marrón moteado, con cinco escudos centrales y cuatro pares de escudos laterales; los escudos posteriores se superponen entre sí y dan al borde trasero del caparazón un aspecto aserrado, similar al filo de un cuchillo de sierra.
Su forma de desplazarse por la arena también la delata: al caminar con un paso alternado deja huellas asimétricas, a diferencia de la tortuga verde o la tortuga laúd, cuyo andar produce rastros simétricos.
Existe cierto dimorfismo sexual en la intensidad del color: los machos muestran una pigmentación más marcada que las hembras, aunque no se sabe con certeza qué papel desempeña esta diferencia en su comportamiento.
Distribución y Hábitat
La tortuga carey tiene una distribución prácticamente circumtropical, presente en los océanos Índico, Pacífico y Atlántico, con dos grandes subpoblaciones reconocidas: la atlántica y la indopacífica.
Prefiere arrecifes de coral y fondos rocosos ricos en esponjas, aunque también frecuenta manglares, estuarios, lagunas de aguas someras y bahías de fondo lodoso sin vegetación. Rara vez se sumerge más allá de los 18-20 metros de profundidad. Las crías, incapaces de bucear a profundidad, permanecen en mar abierto entre masas flotantes de sargazo hasta alcanzar cierto tamaño.
Entre las zonas de anidación y alimentación mejor documentadas están el Caribe, la península de Yucatán, Tortuguero en Costa Rica, los cayos de Florida, las Seychelles, Indonesia, Sri Lanka, el norte de Australia y las llamadas Islas Tortuga de Filipinas.
Los registros de observación disponibles muestran un aumento notable entre julio y octubre, con un máximo en agosto —más de 3.400 registros frente a los 1.300-1.600 de los meses de invierno boreal—, lo que podría reflejar una mayor presencia costera durante la temporada de anidación. Conviene recordar que estos datos son solo observaciones de presencia, no una medida de abundancia ni del área de distribución completa.

Comportamiento y Estilo de Vida
La tortuga carey es de hábitos diurnos y solitarios: recorre arrecifes y plataformas continentales en busca de alimento durante el día, y solo modifica este patrón en la temporada de apareamiento.
Durante mucho tiempo se pensó que permanecía toda su vida en una misma zona, pero el seguimiento de ejemplares ha demostrado que realiza migraciones de larga distancia entre sus áreas de alimentación y sus playas de anidación.
Su caparazón robusto le permite introducirse en huecos y grietas estrechas de los arrecifes, una estrategia que usa tanto para buscar esponjas como para refugiarse de depredadores.
El consumo de su carne puede resultar peligroso para los humanos, ya que al alimentarse de cnidarios venenosos acumula toxinas en sus tejidos.
Comunicación
La comunicación de la tortuga carey se basa sobre todo en señales visuales y táctiles durante rituales de apareamiento, más que en sonidos elaborados.
Para orientarse hacia sus playas natales, se cree que combina la percepción de los campos magnéticos terrestres con las fases y la posición de la luna, aunque los mecanismos exactos todavía no se conocen con precisión.
Sus canales de percepción incluyen la vista, el tacto, el oído, el olfato químico y la sensibilidad magnética, un conjunto de sentidos que emplea tanto para encontrar pareja como para volver, años después, a la playa donde nació.
Dieta y Alimentación
Las esponjas constituyen la base de la dieta de la tortuga carey, que muestra una notable selectividad: solo consume determinadas especies, algunas de ellas tóxicas para el resto de la fauna marina.
También caza medusas y otros cnidarios, además de moluscos, peces, crustáceos y algas marinas, lo que la convierte en una especie omnívora dentro de su nicho de arrecife.
Sus zonas de alimentación preferidas son bajíos someros con abundancia de algas pardas, donde combina el pastoreo de vegetación con la búsqueda selectiva de esponjas entre grietas y oquedades del arrecife.
Esta capacidad de tolerar presas venenosas que otros depredadores evitan le permite explotar un recurso alimenticio poco disputado, aunque como contrapartida acumula compuestos tóxicos en su propio organismo.
Anidación y Reproducción
El apareamiento ocurre cada dos o tres años en aguas someras cercanas a las playas de anidación, en lagunas resguardadas de islas remotas. Los machos suelen esperar a las hembras en esas aguas poco profundas y, solo en raras ocasiones, las siguen hasta la orilla.
La temporada de anidación varía según la región: en el Atlántico se extiende de abril a noviembre, mientras que en el océano Índico —como en las Seychelles— va de septiembre a febrero; en el Caribe y Florida la puesta se concentra entre julio y octubre. Las playas de anidación más importantes se reparten por unos 60 países, entre ellos México, Indonesia, Sri Lanka, Australia y las Seychelles.
Cada hembra realiza unas tres puestas por temporada, separadas por intervalos de 13 a 15 días. El proceso completo de anidación dura entre una y tres horas: la tortuga sale del mar de noche, despeja un área de la playa, excava un nido con las aletas traseras, deposita alrededor de 140 huevos (cifra típica en nidos del Caribe y Florida), lo cubre con arena y regresa al agua sin volver a ocuparse de la puesta.
Tras unos 60 días de incubación, las crías —de menos de 24 gramos y con un caparazón en forma de corazón de apenas 2,5 cm— emergen de noche y se dirigen instintivamente al reflejo de la luna sobre el agua, una orientación que la luz artificial de las zonas costeras puede alterar. Las que no alcanzan el mar antes del amanecer quedan expuestas a aves costeras, cangrejos y otros depredadores. Según algunas estimaciones alcanzan la madurez sexual en torno a los tres años, aunque no reciben ningún cuidado parental una vez puestos los huevos.
Población y Papel Ecológico
Al alimentarse de esponjas, la tortuga carey favorece procesos de sucesión en el arrecife: al eliminar colonias de esponjas libera espacio para que otros organismos se establezcan, un papel que la convierte en una especie clave para la estructura de los arrecifes coralinos.
No existe una estimación fiable del tamaño global de la población, en parte porque se trata de una especie altamente migratoria y porque se dispone de muy poca información sobre sus niveles históricos de abundancia.
Su situación varía mucho según la zona: en algunos lugares es escasa, mientras que en otros mantiene poblaciones relativamente prósperas, lo que dificulta establecer una tendencia única para toda la especie.
Conservación y Amenazas
La UICN clasifica a la tortuga carey como En Peligro Crítico, la categoría más alta antes de la extinción en estado silvestre; en Estados Unidos figura como especie en peligro y el comercio internacional de sus productos está prohibido bajo el Apéndice I de CITES.
La principal amenaza histórica ha sido la caza para extraer sus escudos —usados para fabricar objetos decorativos— junto con el consumo de su carne y de sus huevos. La prohibición mundial del comercio de productos derivados de la tortuga carey busca frenar precisamente esta presión sobre la especie.
Algunos programas de protección muestran resultados alentadores: en la isla de Cousine, Seychelles, la especie está protegida legalmente desde 1994 y su población muestra signos de recuperación. En Florida, el Proyecto Tortuga Carey estudia y protege las agregaciones de la especie en los arrecifes del sureste, con programas educativos dirigidos a la comunidad de buceo local.
Estado de conservación
- LC
- NT
- VU
- EN
- CR
En peligro crítico
Significado Cultural
En numerosas culturas costeras e insulares, la tortuga carey aparece como símbolo de longevidad, sabiduría y del propio mar. Pueblos indígenas de todo el mundo llevan siglos prestando atención a las tortugas marinas, que ocupan un lugar central en su folclore.
En Rapa Nui y otras islas del Pacífico, las tortugas marinas están presentes en el arte, la mitología, el simbolismo, las tradiciones populares y la vida ritual y espiritual, lo que refleja una conexión cultural compartida entre distintas comunidades insulares.
Históricamente, los caparazones y escudos de tortugas del mar Rojo —de la especie Eretmochelys imbricata— se usaron para fabricar anillos y otros objetos, y sus huevos y su carne han formado parte de la alimentación humana en distintas regiones.
Curiosidades
- Eretmochelys imbricata es la única especie viviente de todo su género.
- En el mar Rojo, sus caparazones y escudos se usaron desde la antigüedad para fabricar anillos y otros objetos decorativos.
- En Filipinas hay un grupo de islas llamado 'Islas Tortuga', bautizadas así porque allí anidan tanto la tortuga carey como la tortuga verde.
Ecología
Hábitat
- Humedal
- Marino
- Costero
Comportamiento
- Solitario
- Acuático
- Diurno
- Migratorio
Dieta
- Omnívoro
Fotos
FuentesGBIFiNaturalistWikidataWikipediaEncyclopedia of LifeAnimal Diversity WebAnAge

